Galería Lur reafirmó en Arte Co 2026 la vigencia de una producción escultórica orientada hacia la síntesis formal, la potencia estructural de la figura humana y el protagonismo expresivo de la materia en la obra de Domingo Arena con las esculturas «Madre e hijo» y «La Rueda Rueda».
Galería Lur reafirmó en Arte Co 2026 la vigencia de una producción escultórica orientada hacia la síntesis formal, la potencia estructural de la figura humana y el protagonismo expresivo de la materia en la obra de Domingo Arena con las esculturas «Madre e hijo» y «La Rueda Rueda».
Ambas piezas integran una línea de trabajo donde la deformación deliberada de las formas, las superficies rugosas y la condensación volumétrica se convierten en recursos centrales para construir tensión visual.
La exhibición de estas obras dentro de la feria correntina permitió volver sobre una de las trayectorias más singulares de la escultura argentina contemporánea, marcada por una permanente exploración del vínculo entre materialidad, figura y estructura.
En «La Rueda Rueda», Arena desarrolla una composición organizada a partir de una gran estructura circular sostenida sobre una base prismática de fuerte densidad visual. La rueda contiene pequeñas figuras humanas integradas al movimiento radial del conjunto, generando una relación directa entre cuerpo y mecanismo. La obra evita cualquier resolución naturalista y privilegia una construcción donde las figuras aparecen fusionadas con la estructura general, sin individualización anatómica precisa.
El círculo funciona como eje dominante de la composición y ordena la lectura espacial de la pieza, mientras la tensión entre vacío y masa produce una dinámica visual constante. La superficie erosionada y el modelado gestual refuerzan el carácter matérico de la escultura y desplazan la atención hacia la presencia física del material antes que hacia la descripción figurativa.
La obra profundiza además una estética basada en la fragmentación y en la condensación de los volúmenes. Las figuras presentan proporciones alteradas y un tratamiento formal que enfatiza la gestualidad de la materia, incorporando irregularidades, marcas y accidentes superficiales como parte constitutiva del lenguaje escultórico.
La base maciza introduce un contrapunto de estabilidad frente al movimiento sugerido por la rueda, consolidando una estructura donde equilibrio y tensión conviven de manera permanente. Dentro del contexto expositivo de ArteCo 2026, la pieza dialogó con una línea contemporánea de producción escultórica interesada en recuperar la capacidad expresiva de la materia y en problematizar la representación del cuerpo humano desde procedimientos alejados de toda idealización académica.
En «Madre e hijo», Arena aborda nuevamente la figura humana, aunque desde una construcción vertical organizada mediante planos angulares, aristas marcadas y formas compactas. La obra presenta una figura femenina que sostiene o contiene la presencia de un niño integrado al cuerpo principal, desarrollando una composición donde la simplificación volumétrica reemplaza cualquier descripción anatómica detallada.
El escultor articula la figura a través de cortes abruptos y superficies tensionadas que subordinan el rostro y las extremidades al conjunto estructural de la pieza. La verticalidad de la composición refuerza el carácter monumental de la obra, aun dentro de un formato contenido.
La pieza desarrolla una relación constante entre estabilidad y desequilibrio visual. El cuerpo se proyecta hacia arriba mediante un gesto expansivo del brazo, mientras la base sostiene una fuerte densidad material que ancla la composición. Arena vuelve a trabajar con superficies ásperas y modelados irregulares, con continuidad estética con «La Rueda Rueda».
En ambas esculturas, las huellas del proceso permanecen visibles y forman parte esencial del resultado final, reforzando una concepción donde la materia conserva una apariencia activa y en permanente tensión. La textura deja de ser un elemento accesorio y pasa a convertirse en un componente estructural del lenguaje plástico.
Dentro del catálogo de Galería Lur, las piezas aparecieron como parte de una lectura contemporánea de la escultura argentina del siglo XX, destacando la vigencia conceptual y formal de una producción profundamente ligada a la experiencia material.
Nacido en Italia en 1926 y fallecido en Chaco el 7 de mayo de 2006, Domingo Arena desarrolló una trayectoria decisiva dentro de la escultura argentina contemporánea. Naturalizado argentino, residió y trabajó en Buenos Aires antes de establecer un vínculo definitivo con el territorio chaqueño, atraído por las maderas del monte que conoció a comienzos de la década de 1960.
Comenzó a trabajar en escultura en 1955 y se consideraba autodidacta, más allá de sus intercambios con grandes referentes del género. Desde entonces, construyó una producción atravesada por la experimentación constante y por una búsqueda formal sostenida hasta el final de su vida.
La obra de Arena estuvo marcada por el trabajo sobre volúmenes compactos, construcciones geométricas y figuras humanas insinuadas mediante aristas agresivas y formas tensionadas. A sus esculturas en madera se sumaron posteriormente las obras en bronce, donde incorporó articulaciones y sistemas de movimiento mediante bisagras.
La investigación técnica ocupó un lugar central dentro de su producción, particularmente en torno al perfeccionamiento del sistema de fundición a la cera perdida, proceso al que dedicó años de trabajo e incluso la construcción de su propio horno. El reconocimiento institucional comenzó a consolidarse a partir de 1958 y alcanzó uno de sus puntos más altos en 1978, cuando obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional con su obra Tango.
