En un artículo titulado ‘Apología del egoísmo’, el autor sostiene que un libro es una partitura que cada lector interpreta, y que la adaptación cinematográfica de ‘La Odisea’ de Christopher Nolan es una lectura más entre las múltiples posibles.
Un artículo firmado por un escritor y crítico literario, titulado ‘Apología del egoísmo’, aborda la relación entre la literatura y sus adaptaciones cinematográficas a partir del estreno de la película La Odisea, dirigida por Christopher Nolan.
El texto señala que la película llenó las salas de cine y llevó diversas ediciones del poema de Homero a los primeros puestos de ventas, además de generar comentarios en los medios. Entre las críticas más repetidas, menciona la que reprocha la infidelidad de Nolan a Homero. Cita al crítico Daniel Mendelsohn, quien en The New York Review of Books afirmó: “Este Odiseo atormentado y consumido por la culpa (…) es un hermano del amnésico angustiado de Memento, de Batman, de Oppenheimer, hombres atormentados por su pasado que luchan contra él de maneras diversas”. Y concluye: “Nolan ha rehecho al héroe de Homero a su imagen y semejanza”.
El autor califica ese reproche de absurdo y sostiene que “un libro es una partitura, y es el lector quien la interpreta, y cada lector la interpreta a su manera; en eso consiste el hechizo o gran parte del hechizo de la literatura”. Agrega que “el protagonista de la literatura no es el autor sino el lector; un libro sin lectores es letra muerta”.
Para respaldar su postura, cita al editor Francisco Rico: “el sentido de un libro pertenece rigurosamente a la página”, mientras que “el significado y el valor pertenecen ineludiblemente al lector”. También evoca al escritor Georg Lichtenberg, quien hace más de dos siglos escribió: “Un libro es como un espejo: si un asno se mira en él, no puede aspirar a ver un profeta”.
El artículo plantea que comparar la película de Nolan con el poema de Homero es irrelevante, ya que “como cualquier lector, Nolan puede hacer lo que le venga en gana con el poema de Homero”. Añade que “lo que define a un clásico es que tolera o alienta múltiples lecturas”.
Como ejemplo, menciona el espectáculo Classic Penguins, de Garry Starr, presentado en el Festival de Teatro de Edimburgo, en el que el actor satirizaba clásicos como Hamlet y Guerra y paz.
El autor afirma que “la lectura es un acto de egoísmo máximo” y que existen tantas “Odiseas” como lectores. Señala que su propia lectura de la obra cambió con el tiempo: la que hizo a los 11 o 12 años en una edición en prosa se parecía a las novelas de aventuras, mientras que la actual se aproxima más a la que leyó Aristóteles en la Poética.
Concluye que fue al cine a ver “La Odisea de Nolan, que es la única que tenía derecho a pedirle y que él podía darme. Todo lo demás es literatura”.
