Estudios internacionales hallaron correlaciones negativas entre el uso de plataformas como TikTok y capacidades cognitivas, aunque no demuestran causalidad. Especialistas del Conicet y la Fundación INECO explican las limitaciones de la evidencia actual.
Investigaciones internacionales que reúnen datos de casi 100.000 personas encontraron una relación entre el consumo intensivo de videos cortos y las dificultades para mantener la atención. Sin embargo, los estudios no han demostrado que una cosa provoque la otra.
Una de las investigaciones más amplias fue publicada en 2025 en Psychological Bulletin, de la Asociación Estadounidense de Psicología. El trabajo, encabezado por Lan Nguyen, de la Universidad Griffith (Australia), reunió los resultados de 71 estudios con un total de 98.299 participantes. Los investigadores analizaron cómo se relaciona el consumo de TikTok, Instagram Reels y YouTube Shorts con distintas capacidades cognitivas y aspectos de la salud mental. Encontraron asociaciones negativas de magnitud moderada con la atención (−0,38) y el control de los impulsos (−0,41), medidas mediante coeficientes de correlación. Es decir, quienes consumían más videos cortos tendían a presentar mayores dificultades en esas funciones, aunque las cifras no representan porcentajes de deterioro. También se encontraron asociaciones con mayores niveles de estrés y ansiedad. No obstante, el estudio no demuestra que las plataformas provoquen esos problemas. También podría ocurrir que las personas con dificultades previas para concentrarse sean más propensas a consumir estos contenidos.
Pedro Berkinschtein, investigador principal del Conicet, director de Investigación de Fundación INECO y profesor de la Universidad Favaloro y del ITBA, señaló que la investigación todavía está en una etapa de acumulación de evidencia. «La ciencia va muy lenta buscando evidencias para estas cosas», explicó. Y advirtió que no alcanza con medir cuánto tiempo pasa una persona frente a una pantalla, porque también importa qué contenidos consume y cómo los utiliza.
Otra investigación, publicada en febrero de 2026 en la revista NeuroImage, observó qué ocurría dentro del cerebro mientras las personas miraban videos cortos. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Zhejiang (China), incluyó a 56 adultos jóvenes examinados mediante resonancia magnética funcional. Los participantes podían continuar mirando un video o descartarlo según sus preferencias. En promedio, saltearon casi el 57% de los contenidos que aparecieron durante la prueba. Al analizar los registros, los investigadores encontraron que, cuando los participantes miraban videos de su preferencia, disminuía la actividad de dos regiones vinculadas con el autocontrol y la atención, conocidas como corteza cingulada anterior dorsal y corteza prefrontal dorsolateral. También observaron una relación entre esos cambios y el glutamato, una sustancia que permite la comunicación entre neuronas. Los autores consideran que esta menor actividad podría reflejar una forma de procesamiento más automática y que requiere menos esfuerzo.
Pedro Benedetti, bioingeniero y becario doctoral del Conicet, explicó que una de las herramientas para estudiar la atención es la electroencefalografía, una técnica que registra la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos colocados sobre la cabeza. Entre las señales que pueden identificarse se encuentra la P300, una respuesta eléctrica que suele aparecer unos 300 milisegundos después de detectar algo relevante. «Se ha encontrado en investigaciones que, cuando vos tenés mayor nivel de atención, esa señal es más grande, tiene una mayor amplitud», afirmó Benedetti. Algunos estudios sobre personas con uso excesivo de redes sociales encontraron señales de menor amplitud, acompañadas de peores resultados en pruebas de atención. Sin embargo, una P300 más pequeña no significa automáticamente que alguien tenga problemas para concentrarse.
Para Benedetti, una parte importante de la explicación está en el sistema de recompensa del cerebro, que interviene en la motivación y la búsqueda de experiencias placenteras. «Los algoritmos te exponen a un video que te va a gustar dentro de algunas cosas que no te van a gustar», explicó el investigador. Benedetti compara este mecanismo de recompensa intermitente con el que interviene en determinados juegos de azar. La incertidumbre sobre cuándo aparecerá el próximo contenido interesante puede impulsar a seguir deslizando el dedo por la pantalla.
Otro fenómeno que preocupa a los investigadores es la cantidad de veces que se interrumpe una actividad para hacer otra. «El multitasking no existe, es decir, cuando vos estás haciendo muchas cosas, no estás haciendo cosas en paralelo», sostuvo Benedetti. Berkinschtein coincidió: «Uno puede ir y volver rápidamente de una actividad a otra, pero no procesar las dos al mismo tiempo». Esa alternancia exige recursos cognitivos y puede afectar la memoria de trabajo. «Cuando uno está leyendo o está haciendo algo, tiene que tener una memoria de lo que leyó antes para poder entender y comprender lo que sigue», explicó Berkinschtein. Cuando las interrupciones se multiplican, agregó, «se hace todo más lento» y puede retenerse menos información.
La evidencia científica muestra una relación entre el consumo intensivo de videos cortos y ciertas dificultades cognitivas, pero todavía quedan preguntas importantes. No está claro hasta qué punto las plataformas contribuyen a esos problemas, cuánto influyen las características de cada usuario ni cuáles podrían ser sus consecuencias a largo plazo. El cerebro, además, tiene una gran capacidad de adaptación y los hábitos de atención pueden modificarse. Tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que las redes sociales provoquen una atrofia cerebral generalizada. Los expertos remarcan que en niños y adolescentes, cuyos cerebros todavía están madurando, resulta especialmente importante estudiar estos efectos, aunque las consecuencias dependen del tipo de contenido, el tiempo de exposición y las características individuales.
En este escenario, Benedetti propuso una reflexión sobre el costo de las plataformas digitales. «La mercancía de ellos, lo que venden en las redes sociales, es tu atención. En definitiva, es eso», afirmó. Estos servicios suelen percibirse como gratuitos porque no requieren un pago para utilizarlos. Sin embargo, cada minuto dedicado a las plataformas representa también un minuto de atención que deja de destinarse a otra actividad.
El experimento de electroencefalografía mencionado en este artículo se realizó en la sede central de INECO con la participación de Vera Florin, Florencia Alifano, Pedro Benedetti, Pedro Cófreces, Daniel Ochoa, Ron Itzigsohn y Pedro Berkinschtein.
