Unas 400 mil personas participaron este fin de semana de la 47ª Peregrinación Juvenil a la Basílica de Nuestra Señora de Itatí. La misa central fue presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, y concelebrada por obispos de la región del Nordeste argentino (NEA).
El Pueblo de la Virgen recibió este fin de semana a unos 400 mil peregrinos provenientes de diversos puntos del Nordeste argentino (NEA), en el marco de la 47ª Peregrinación Juvenil a la Basílica de Nuestra Señora de Itatí.
Pese a las precipitaciones que marcaron el trayecto entre el sábado y el domingo, la marcha de caminantes y ciclistas continuó con el ritmo previsto.
El momento central de la movilización tuvo lugar este domingo a las 9, con la misa en la explanada del santuario, presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, concelebrada por obispos y sacerdotes de las diócesis de Chaco, Misiones, Formosa, Entre Ríos y Corrientes.
La antesala de la celebración litúrgica se desarrolló con banderas, cantos y música que acompañaron la vigilia de miles de jóvenes llegados para presentar sus intenciones y pedidos a la Patrona de Corrientes. Hacia la hora de la misa, el cielo dio paso a un sol primaveral. En ese marco, se renovó la consigna que acompañó el andar de los fieles: «Junto a María nos volvemos a encontrar como Iglesia Sinodal».
Una respuesta al vacío de las cosas materiales
Durante la homilía, monseñor Hugo Barbaro, obispo de la diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco), comenzó reconociendo el esfuerzo físico y espiritual de los peregrinos al señalar que la Virgen «contempla este gran espectáculo de amor» expresado en una multitud movilizada «con el sacrificio de amor que supuso la larguísima caminata y que llovía también». En esa línea, interpeló de forma directa a la juventud sobre las aspiraciones profundas del corazón y remarcó que María «sueña con el futuro de cada uno de sus hijos» para que sus vidas sean «algo grande, algo maravilloso».
El mensaje contrapuso esa grandeza espiritual con los espejismos de la cultura de consumo.
«No se fija en lo que suele aplaudir la gente, cuánta plata tiene, los premios que se está ganando, fíjate la moto que se compró», planteó el Obispo al recordar que el valor de una persona no reside en el estatus ni en las posesiones. Del mismo modo, advirtió sobre la brevedad de las distracciones superficiales: «Las diversiones, las salidas, un teléfono de primera generación o tantas otras cosas materiales… tenemos experiencia de que no llenan el corazón; uno lo puede pasar bien, pero se sigue sintiendo vacío».
«La Virgen es madre de esperanza»
Frente a los temores e incertezas propios de la etapa juvenil, la predicación ofreció un horizonte de aliento.
«La Virgen es madre de esperanza. No quiere hijos mirando el futuro como un imposible, como algo sin salida», aseveró desde el altar, invitando a depositar ante la imagen itateña las dudas, miedos y frustraciones cotidianas.
En ese sentido, recordó que «por más dificultades que haya, el final es siempre feliz; es el cielo y el camino de la vida también es feliz porque Cristo camina a nuestro lado».
Para sostener ese trayecto, la homilía remarcó el camino de la oración de corazón a corazón, la adoración eucarística, la confesión frecuente y la caridad generosa. Al citar el ejemplo del joven San Carlo Acutis, se enfatizó la fuerza transformadora de la Eucaristía para moldear vidas alegres y comprometidas con los demás.
El llamado a una santidad auténtica
En el tramo final de la alocución, se lanzó un directo llamado al compromiso espiritual en los ámbitos cotidianos.
«Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos», exhortó la homilía, aclarando que ser santo no es un ideal inalcanzable sino «ser católicos que buscan ser auténticos, pensar como cristianos, vivir como cristianos, amar como cristianos, servir como cristianos» en la universidad, el trabajo, la familia o el deporte.
Con la bendición final, las delegaciones proclamaron un nuevo manifiesto juvenil y luego iniciaron el descongestionamiento para emprender el regreso a sus comunidades, cerrando otra jornada de fe en la tierra correntina.
Salida complicada
Monseñor Larregain rezó por el regreso de los peregrinos y agradeció a las instituciones que colaboraron: «Salimos con bastante bendición ayer a la mañana con bastante aspersión y miren la hermosa mañana de hoy. Agradecemos al Gobierno de Corrientes, la Municipalidad de Itatí, las fuerzas de seguridad, pastoral de salud y emergencias, servidores de ruta, servidores de la basílica, a la Comunidad Orionita y a todos los que han colaborado para que esto salga bien». No dejó pasar la inminente llegada del Papa León XIV y pidió «rezar y preparar el corazón para esta visita».
Momentos después, se registró congestión vehicular en las calles del Pueblo de la Virgen, por la gran cantidad de vehículos cargados de peregrinos que emprendieron el regreso a sus hogares.
