La Dirección de Recursos Naturales de Corrientes estableció una veda extraordinaria para proteger la migración de dorados en el río Paraná. En ese contexto, reaparecen relatos mitológicos como el del Yaguarón, un ser de la mitología guaraní que, según la tradición oral, habita las profundidades y castiga a quienes no respetan el río.
La Dirección de Recursos Naturales de la Provincia de Corrientes informó que rige una veda extraordinaria para algunos tramos del río Paraná. La medida busca proteger a un cardumen de dorados que se encuentra en un proceso de migración para la reproducción de la especie. A pesar del anuncio y del pedido a los pescadores, se registraron casos de personas que no acataron la disposición.
En este contexto, reaparecen relatos de la mitología guaraní que advierten sobre los riesgos de no respetar la riqueza viva de las aguas. Uno de ellos es el del Yaguarón, un ser que acechaba las costas y cuya leyenda sobrevivió gracias a la transmisión oral y al registro de investigadores del folclore como el correntino Guillermo Perkins Hidalgo, quien transcribió las historias y las rescató del olvido.
Si bien hay lugares donde esta leyenda está más arraigada con sitios específicos que llevan esa denominación, la historia del Yaguarón se difundió entre los pescadores de la costa del Paraná. También hay registros orales de moradores en el Iberá y en algunas zonas del río Uruguay.
El nombre tiene dos traducciones: «perro con cuerpo de serpiente» o «perro grande». En algunos casos se lo menciona también como «Tejú Jagua», aunque este es el «perro serpiente» que representa a uno de los siete monstruos de la mitología guaraní.
En Leyendas y supersticiones del Iberá, el alvearense Perkins Hidalgo explicó: «Yaguarú o Yaguarón es un sustantivo guaraní aportuguesado, como lo prueba el toponímico que rige en el territorio de Brasil». En cuanto a las características de este ser, agregó: «Se trata de un enorme perro devorador que caza sorpresivamente en el agua, o que hace caer a ella a las personas despreocupadas o audaces que se aproximan demasiado al borde de los barrancos».
Según registró, la historia se la contaron dos habitantes de Santo Tomé para la publicación de 1963. Ellos le mencionaban que el Yaguarón atacaba «valiéndose de sus largas y afiladas pezuñas con las que horada la tierra de los barrancos».
Pero la criatura tenía un rasgo más aterrador. «Para el Yaguarón tanto vale una vaca, un ternero, un caballo como el delicado plato de los pulmones de una mujer o un hombre», le relataron. «Para el vulgo supersticioso, esta es la achura que más le agrada saborear a este insaciable monstruo de la mitología autóctona de América», completó el investigador.
Un relato anterior en que se nombra también al Yaguarón es el que se publicó en mayo de 1899 en el semanario Caras y Caretas. Allí el escritor, ingeniero y explorador vasco-argentino Florencio de Basaldúa mencionó al animal mitológico como uno de los seres fabulosos que eran parte de la creencia popular en las costas del Paraná. Relató su propia experiencia en la costa de la localidad de Diamante cuando escaparon del socavamiento de un barranco y los ayudantes le advirtieron: «Quiroga refería la existencia de un monstruo de grandes dimensiones llamado Yaguaroy, que habita en las grandes profundidades de los remansos del Paraná, que socava las barrancas para producir su desplome y devorar a los seres que caen al río».
En 2015, la revista de ciencia National Geographic informó que un equipo del Laboratorio de Paleobiología de la Universidad Federal de Pampa (Brasil) descubrió el fósil del cráneo de un reptil, de unos 250 millones de años de antigüedad, en un yacimiento situado a unos diez kilómetros al Este de San Francisco de Asís, al Sur de Brasil. Lo bautizaron «Teyujagua paradoxa» en homenaje al ser mítico guaraní que algunos también llaman Yaguarón.
El fósil, antepasado de los cocodrilos y yacarés, habitó la región hasta el Nordeste de Argentina. Así, los antiguos habitantes tenían razón con las advertencias para quienes no respetaban ni tenían cuidado con el río.
