En ‘El Ser y la Nada’ (1943), el filósofo francés Jean-Paul Sartre analizó la paradoja del amor: quien desea ser amado no busca un autómata ni un compromiso frío, sino una libertad que se entregue voluntariamente.
En El Ser y la Nada (1943), el filósofo francés Jean-Paul Sartre formuló una reflexión sobre el deseo amoroso. Según su análisis, quien ama no busca poseer un autómata ni recibir la promesa de alguien que cumple un compromiso.
Sartre identificó en el corazón del amor una paradoja que no se resuelve por la vía racional.
La doble negación: ni automatismo ni deber
El punto de partida de Sartre es un doble rechazo. Por un lado, quien desea ser amado no quiere ser objeto de una pasión mecánica. No busca el sometimiento del otro, sino su elección.
Por otro lado, tampoco le alcanzaría que ese amor fuera el resultado de un compromiso racional y voluntario. Sartre lo planteó con una pregunta retórica en el texto original: «¿Quién aceptaría escuchar: ‘Te amo porque me comprometí libremente a amarte y no quiero desdecirme’?»
Un amor fundado solo en la fidelidad a la palabra dada deja de ser amor y se convierte en deuda. A partir de ese doble rechazo, Sartre expuso la tensión central.
El amante, escribió, «pide el juramento y se irrita del juramento». Quiere ser amado por una libertad, pero exige que esa libertad deje de ser libre. Quiere que el otro se determine a sí mismo a amar, no solo al principio, sino en cada instante. Y al mismo tiempo quiere que esa libertad quede «cautiva por sí misma», como en la locura, como en el sueño.
Es una exigencia que combina libertad y determinismo, dos categorías que se excluyen mutuamente.
El juego como salida
La resolución propuesta por Sartre no pasa por la lógica sino por la imaginación. «No es el determinismo pasional lo que deseamos en el otro, en el amor, ni una libertad inalcanzable, sino una libertad que juegue el determinismo pasional y que se deje atrapar por su juego», afirmó.
El amor sería entonces una actividad libre con reglas propias, comparable al juego: quien se deja llevar olvida la frontera entre lo real y lo imaginario, y ese olvido le da valor. El placer del juego crece cuanto más el jugador «se lo cree».
El texto pertenece a una discusión filosófica más amplia sobre las nociones de libertad y determinismo. La pasión amorosa se sufre; la razón y el compromiso se eligen. Según Sartre, ninguno de los dos extremos produce lo que el amante busca.
El análisis señala que Sartre retoma la tesis clásica del amor como irracionalidad, y su aporte original es el concepto de juego, que permite superar esa oposición sin negarla.
El propio análisis del texto indica una limitación interna en el planteo de Sartre: todo el argumento gira en torno a las exigencias de «quien quiere ser amado», sin considerar la dimensión recíproca de la relación. Si quien quiere ser amado también ama, el encadenamiento mutuo de libertades deja de ser sometimiento. Esa perspectiva no invalida el análisis de El Ser y la Nada, pero lo completa.
