La inestabilidad climática en Corrientes incrementó la demanda de lavanderías. El servicio se cobra por canasto a $9.000 y el secado se realiza exclusivamente con máquinas.
Los días sin sol en Corrientes generan un repunte en las lavanderías. Con canastos llenos y máquinas trabajando a contrarreloj, los comercios del rubro enfrentan un incremento sostenido de trabajo impulsado por la urgencia de los vecinos.
Fátima, propietaria de un local ubicado sobre la calle Gutenberg, explicó que la inestabilidad climática actúa como un disparador directo en el mostrador. «La demanda es bastante, la gente apurada viene con mucha cantidad de ropa y necesita lo más rápido posible», afirmó. En jornadas donde «el cielo apaga, parece encapotado y no sale el sol», detalló.
Para adaptarse a la dinámica diaria, los locales optimizaron sus costos y modalidades de atención. En el caso del comercio de calle Gutenberg, el cobro no se realiza por kilo ni por unidad, sino por capacidad de canasto. El valor actual se ubica en $9.000, un formato que permite calcular el volumen según el tamaño de las prendas: «Si son prendas chicas pueden entrar entre dieciséis y dieciocho, y si son grandes, diez o doce», indicó.
Además, ante la imposibilidad de secar al aire libre durante los días húmedos, la tecnología cumple un rol fundamental para garantizar la calidad del servicio. «Trabajamos el secado sí o sí con máquinas, no lo hacemos al aire libre, sobre todo para cuidar la prenda del cliente», señaló.
Aunque este fenómeno meteorológico reactiva el volumen comercial, también plantea desafíos operativos: «en parte, aumenta el trabajo, y por otro lado también es como que nos saturan de pedidos y tratamos de cumplir lo antes posible. Sí, tiene sus pros y sus contras», resumió la comerciante sobre el ritmo que imponen los días de mal tiempo.
Expansión del servicio
El uso de lavanderías automáticas dejó de ser una costumbre exclusiva de grandes metrópolis como Buenos Aires, Córdoba o Rosario. En Corrientes, el servicio ganó terreno en los últimos años. «Ahora sí aumentó, es como que se están acostumbrando y confían más en traer a las lavanderías. Yo creo que es por una cuestión de comodidad; como mucha gente trabaja, necesita sí o sí traerla y poder sacarse ese peso de encima», analizó Fátima.
