La administradora del Puerto de Barranqueras, Alicia Azula, impulsa la recuperación del cruce fluvial como alternativa ante las interrupciones del puente General Belgrano. La iniciativa requiere un acuerdo bilateral y estudios técnicos.
El último corte de ocho horas en el puente General Belgrano, provocado por un siniestro vial, volvió a poner en evidencia lo que muchos vecinos de Corrientes y Chaco reclaman desde hace años: la necesidad de contar con una vía alternativa frente a las interrupciones del único cruce terrestre que une ambas provincias. En ese contexto surgió una propuesta que combina memoria histórica y urgencia logística: recuperar el servicio de balsas sobre el río Paraná.
La iniciativa contempla el traslado de camiones, vehículos particulares y pasajeros mediante embarcaciones que operarían entre los puertos de ambas márgenes, funcionando como un mecanismo de contingencia mientras continúa el proceso para construir el segundo puente. Sin embargo, para que el proyecto pase de la idea al papel todavía restan definir cuestiones clave: los puntos de embarque y desembarque, la conexión con la red vial existente, los estudios técnicos correspondientes y, sobre todo, un acuerdo formal entre los gobiernos del Chaco y Corrientes.
Quien impulsa la propuesta es Alicia Azula, administradora e interventora del Puerto de Barranqueras, quien explicó: «La nostalgia siempre revive lo que significó el uso de las balsas entre las dos provincias». Pero aclaró que la propuesta no nace únicamente del recuerdo, sino de una necesidad concreta frente al colapso reiterado del puente.
La funcionaria explicó que el problema de fondo es la falta de alternativas cuando ocurre un accidente. «Hoy mucha gente queda rehén de un lado o del otro del río. Si las balsas y lanchones para pasajeros fueron útiles antes de que existiera el puente, ¿por qué no podrían serlo ahora?», planteó, en diálogo con Cadena de Radios.
Uno de los aspectos que más preocupa a la administración portuaria es el impacto de los siniestros que involucran camiones. «Cuando un automóvil protagoniza un siniestro, la situación suele resolverse en pocas horas, pero cuando se trata de un camión, especialmente si transporta cargas peligrosas, la interrupción del tránsito puede extenderse durante mucho más tiempo y las consecuencias son mayores», indicó Azula.
Respecto al estado de las conversaciones con el sector privado, la funcionaria confirmó que ya hubo acercamientos concretos. «Esto no se hace de manera directa», advirtió, y detalló los pasos pendientes: «Debe existir un acuerdo bilateral entre Chaco y Corrientes, definir los lugares de embarque y desembarque, realizar las firmas correspondientes y articular la conexión con la red vial».
Azula también puso el foco en la dimensión regional del corredor que se busca proteger. «Gran parte de la producción de la Mesopotamia, Paraguay y el Sur de Brasil utiliza el puente General Belgrano y la ruta 16 para llegar a los puertos del Pacífico. Cada vez que se interrumpe el tránsito, ya sea por un accidente o por un gran movimiento de personas, como ocurre durante eventos en Paso de la Patria, toda la circulación se ve seriamente afectada», señaló.
Finalmente, Azula adelantó que en los próximos días buscará reunirse con las autoridades competentes para avanzar en el análisis técnico y económico del proyecto. «Quizás lo que uno ve como algo simple no lo sea tanto, pero vale la pena estudiarlo. Más allá de mi rol como administradora del puerto, hablo también como una ciudadana comprometida que recuerda lo que significaban la balsa y el vaporcito en Barranqueras. Creo que es momento de comenzar a trabajar seriamente en esta posibilidad», concluyó. La funcionaria remarcó además que cuenta con el respaldo del Gobernador chaqueño para este tipo de iniciativas y bromeó: «Hasta ahora nadie me llamó para retarme por esta propuesta».
Uno de los primeros escollos es de naturaleza institucional: se necesita un acuerdo bilateral entre Chaco y Corrientes, algo que no depende únicamente de la voluntad del puerto de Barranqueras. «Debe existir un acuerdo bilateral entre Chaco y Corrientes, definir los lugares de embarque y desembarque, realizar las firmas correspondientes y articular la conexión con la red vial», explicó Azula.
A esto se suma la necesidad de estudios técnicos que determinen la viabilidad del cruce fluvial, así como obras de infraestructura vial que permitan conectar los puntos de embarque con las rutas existentes. Ninguno de esos pasos, remarcó la funcionaria, está resuelto todavía.
También aparece el desafío de la implementación comercial: aunque una empresa paraguaya manifestó interés en operar una embarcación con capacidad para camiones y pasajeros, la puesta en marcha del servicio requeriría un proceso de licitación formal, con los tiempos administrativos que eso conlleva.
Otro punto sensible es la regulación del tránsito pesado, en especial de cargas peligrosas.
