Jessie Diggins, atleta estadounidense, logró la medalla de bronce en los 10 kilómetros estilo libre pese a competir con una lesión en las costillas. La lesión fue sufrida días antes tras una dura caída en la prueba de skiathlon.
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La carrera fue un verdadero ejercicio de resistencia física y mental. Diggins completó el recorrido en 23 minutos y 38 segundos, solo por detrás de las suecas Frida Karlsson y Ebba Andersson, y cruzó la meta visiblemente afectada. Apenas finalizó, se desplomó sobre la nieve, obligando a la inmediata asistencia del equipo médico, una escena que reflejó el esfuerzo extremo al que se sometió.
Luego de la competencia, la propia deportista reconoció la magnitud del dolor con el que debió convivir durante toda la prueba. Admitió que hubo momentos en los que no entendía cómo seguía avanzando y, con ironía, aseguró que necesitaría “un cuerpo nuevo” para seguir adelante. Aun así, destacó el valor emocional de la medalla, en lo que sería su última participación olímpica.
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La deportista de 34 años le dedicó unas palabras emotivas al deporte y a su participación accidentada, pero épica al fin, en lo que será el año del cierre en su carrera competitiva: «Va a ser difícil alejarme de este deporte, pero también muy emocionada de comenzar un capítulo nuevo en mi vida».
LT.
