El PJ correntino quedó reducido a una resistencia testimonial

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Si a nivel nacional el peronismo está en un laberinto, en Corrientes está directamente bajo los escombros. El resultado de las elecciones del pasado 31 de agosto no fue sólo una derrota electoral; fue la implosión de un modelo de construcción política digitado a control remoto. La alianza opositora fue forjada bajo la tutela de Cristina Kirchner y operada en el terreno por el polémico José Ottavis, el ex Bailando por un Sueño que -a la hora de la verdad y de poner sobre la mesa el prometido apoyo dinerario- literalmente se borró. El resultado fue lapidario en los números y en la imagen del peronismo que quedó sin haber logrado una elección interna seria, reflejo y espejo de lo que pasó en el PJ nacional, donde Cristina terminó manoteando una Presidencia que nunca logró ejercer, llevando a que el PJ quedara reducido a seis gobernaciones, ninguna de las cuales responde a su conducción, con un bloque de senadores que, de 34, pasó ayer a tener 25; luego de la anunciada deserción del flamante senador Zamora, que decidió hacer rancho aparte.
La «ola verde» de Vamos Corrientes no sólo consagró a Juan Pablo Valdés, sino que barrió con las aspiraciones del PJ de mantener un contrapeso institucional serio. Hoy, de cara al 10 de diciembre, el peronismo correntino enfrenta su peor crisis de representatividad desde la Intervención Federal.
Como en su momento se dijo, la torpeza de la estrategia cristinista llevó a que por efecto arrastre el PJ quedara virtualmente sin intendencias. Algo que nunca pasó del 83 a la fecha. La derrota en la propia localidad del candidato a Gobernador, que se repitió en este turno, pero que había su precedente con la anterior derrota de Celeste Ascúa, fue un tiro de gracia que seguramente contribuirá a la reacción de las bases peronistas deseosas de recuperar el espíritu de lucha militante que han perdido de la mano del kirchnerismo.

LEGISLATURA: GENERALES SIN TROPA

El impacto más visible del desastre electoral se verá en el recinto. El peronismo ha quedado diezmado en ambas cámaras, perdiendo la capacidad de bloqueo y quedando muy lejos de romper los dos tercios del oficialismo.
En Diputados, la figura de Ana Almirón (ver página 3) debería emerger como la conductora natural, aunque es público y notorio que la ex camporista Marlene Gauna, hoy alineada con el gobernador Kicillof no convalida el pretendido liderazgo, quedando un tercero, el hombre del sindicalista Santa María, que hasta ahora no ha marcado presencia al punto de que la referente local del gremio pretendió atribuirse la interlocución ante las autoridades de la Cámara que le hicieron saber que la única voz que escucharán será la del Diputado. Queda por ver cómo coordinan con el mini bloque de tres diputados que comulgan con el massismo, cuya tutela pretende ejercer Germán Braillard Poccard, quien termina su mandato. El ala peronista ha dejado en claro que el Frente Renovador deberá acompañar quedando la alternativa de la conformación de un interbloque, aunque no se descarta que Marlene Gauna termine conformando bloque propio si no se logra consolidar un frente opositor. La «bancada K» tendrá voz, pero no tendrá número y, al menos por ahora, dificultad para enhebrar un discurso común desde la minoría.
En el Senado, la situación es aún más desoladora. El peronismo ha quedado reducido a una expresión mínima, con figuras como Aragón que deberán convivir en un recinto donde la discusión real pasará por la interna radical entre Gustavo Valdés y Ricardo Colombi. «Pitín» es otro de los que ha optado por despegarse de la tutela de Máximo Kirchner y reporta por vía directa al gobernador Kicillof que, como Gildo Insfrán, han hecho saber que están hartos de la conducción de Cristina Kirchner.

El ocaso de los caudillos territoriales

Pero el golpe de gracia para la estructura partidaria fue la pérdida de territorio. El justicialismo, que supo hacerse fuerte en la Costa del Uruguay y en el Centro de la provincia, ha visto cómo su mapa se tiñó de verde.
La caída en desgracia de la gestión en Mercedes (con las condenas a Diego Caram ratificadas por el STJ) le quitó al PJ uno de sus bastiones históricos, más allá de que Caram nunca fue marca líquida, cometiendo la torpeza de meterse a contramano, tanto en la interna peronista como en la del propio radicalismo. A esto se sumó que «Tincho» Ascúa, al nacionalizar su figura y perder la Gobernación, dejó expuesto su propio «pago chico», Paso de los Libres, que ahora quedó aislado frente a un Gobierno provincial hostil y fortalecido.
Hoy, los intendentes peronistas son una «especie en extinción». Salvo reductos muy puntuales como Santa Lucía, el PJ carece de una red de municipios que le sirva de plataforma de reconstrucción. No hay «caja» ni gestión para mostrar. Lo que está claro es que el desembarco de la ex Presidente en su momento más respondió a una estrategia personal que al propósito de ayudar al PJ correntino.
Desde ese día nunca levantó siquiera el teléfono para motivar al peronismo de Corrientes, más allá de la duda de hasta dónde su venida terminó siendo positiva en el marco de la situación que enfrenta.

El «déjà vu» de Ottavis y la intervención eterna

Para entender la magnitud del enojo interno, hay que recordar que José Ottavis no es una cara nueva. Ya fue interventor implícito del PJ correntino en el pasado, una etapa recordada por el «vaciamiento» de figuras locales y el cierre de listas a espaldas de los dirigentes territoriales.
Su posicionamiento como amo y señor de la estrategia en 2025 como armador en las sombras de la candidatura de Ascúa fue visto por los intendentes y punteros del Interior como una nueva intromisión porteña. La teoría del «piso histórico» se cumplió: al cerrar la lista sólo con los leales a La Cámpora y el Instituto Patria, el PJ perdió el voto independiente y desmovilizó a su propia tropa, que prefirió cortar boleta o quedarse en casa antes que militar una lista impuesta desde Buenos Aires.

El costo de la «dedocracia»

En los pasillos de la sede de calle Salta, las facturas ya empezaron a llegar. La bronca de la militancia apunta directamente a la mesa nacional. La intervención de facto de José Ottavis -un nombre que genera urticaria en el peronismo correntino tradicional- para cerrar las listas y la bendición de Cristina a una fórmula que no contenía a todos los sectores, se señalan como las causas madre de la debacle.
El experimento de «kirchnerizar» la oferta electoral en una provincia históricamente refractaria a ese modelo terminó de la peor manera: regalándole a Juan Pablo Valdés una hegemonía absoluta y dejando al PJ correntino ante la obligatoria tarea de refundarse o desaparecer.

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