La escritora nigeriana publicó ‘Unos cuantos sueños’, su regreso a la ficción, en el que aborda el duelo, la amistad y la pregunta sobre qué hacemos con nuestros sueños.
La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, de 48 años, presentó su nueva novela Unos cuantos sueños (Literatura Random House), con la que regresa a la ficción después de doce años. Nacida en Enugu en 1977, Adichie es autora de libros como Medio sol amarillo y Americanah, que se convirtieron en superventas globales. Sus charlas TED fueron difundidas internacionalmente y una de sus frases fue utilizada por Maria Grazia Chiuri en su primera colección para Dior.
La novela sigue a cuatro mujeres de la diáspora africana en Estados Unidos y aborda temas como la amistad, el amor, las pérdidas y los errores. Según la autora, en el libro está presente la pregunta que atraviesa toda su obra: qué hacemos con nuestros sueños, con nuestras derrotas, con lo que somos.
Infancia y primeras observaciones
Adichie recordó que de niña agarraba el control remoto como si fuera un micrófono, se subía a la mesa y proclamaba que era la Oprah Winfrey de Nigeria. En una entrevista con la revista Elle, señaló: «Era una niña muy observadora, y cuando mirás bien, es imposible no notar que el mundo no trata a las mujeres con la misma dignidad que a los hombres». Mencionó el caso de una tía que sufría violencia por parte de su marido mientras otras personas le decían que tenía que aguantar. «Yo, pequeña aún, pensaba con una claridad absoluta: esto no está bien», afirmó.
Sus padres, dijo, le dieron el espacio para ser una niña curiosa que no aceptaba respuestas fáciles. «Tal vez fui difícil, pero ellos me dejaron crecer así. Mis ideas peligrosas eran sólo preguntas: ¿por qué las cosas tenían que ser como eran?», expresó.
El origen de la novela
Unos cuantos sueños surgió a partir de una pérdida. Adichie comenzó a escribirlo después de la muerte repentina de su madre y, al releerlo, comprendió de qué hablaba realmente el libro. «La novela parece hablar de cuatro mujeres, de sus cuerpos y deseos, pero al releerla vi la presencia constante de madres e hijas», contó. «En el fondo está atravesado por el duelo por mi madre. Mientras escribía, sentía que ella me sostenía».
La pérdida fue doble y casi simultánea. Primero murió su padre, a los 88 años. Después, cuando todavía procesaba ese dolor, murió su madre. «Pocos meses después, mi madre murió. Aún no logro aceptarlo. Cuando lo digo en voz alta me parece irreal: sé que es cierto, pero emocionalmente es imposible de asimilar», declaró.
Señaló que lo que la golpeó con más fuerza no fue solo el dolor sino el arrepentimiento. «Con mi padre tenía paciencia, con mi madre no siempre. Y, sin embargo, ella veía el mundo con más claridad, como suelen hacerlo las mujeres que cargan con tanto».
El duelo y la escritura
La escritura de esta novela también le reveló aspectos sobre sí misma. «Lo físico que puede ser el duelo. Mi cuerpo reaccionaba de formas que nunca habría imaginado: golpeando el suelo, cayendo al piso. Eso me hizo pensar en lo poco que me conocía», afirmó.
Esa pregunta sobre si nos conocemos verdaderamente a nosotras mismas y a los demás se convirtió, según la autora, en el centro de la novela. La respuesta que encontró mientras escribía, dijo, no es tranquilizadora: «Me temo que no».
El libro resultante es distinto a lo que Adichie había escrito antes. «Antes desconfiaba de lo excesivamente blando», reconoció. «Al perder a mis padres, bajé la guardia: la vulnerabilidad me transformó. Este libro no teme al sentimentalismo ni a reconocer lo que anhelamos, aunque nos deje expuestos».
Inspiración en un caso judicial
Una de las protagonistas de la novela, Kadiatou, está inspirada en Nafissatou Diallo, la empleada de hotel que denunció al entonces director del FMI Dominique Strauss-Kahn en 2011. Adichie afirmó que siguió ese caso con obsesión. «Lo que ocurrió me dolió y me pareció revelador de algo oscuro en América: el mensaje a las mujeres era que sólo merecían justicia si eran perfectas, impecables, casi santas», sostuvo. «Toda la atención estaba en el hombre y en lo que perdería, mientras se olvidaba a la mujer: sin poder, sin educación formal, pero igualmente humana, igualmente digna».
Convertirla en personaje fue, para ella, una forma de devolverle voz. También una declaración sobre lo que puede hacer la ficción que el periodismo no puede. «El periodismo informa, pero la ficción te obliga a sentir», explicó. «La ficción abre emociones, y son ellas las que nos mueven a actuar».
Soñar como acto feminista
En la novela, uno de los personajes dice: «Estos blancos no saben que nosotros también soñamos». La frase condensa una de las preguntas que Adichie lleva años planteando. Para ella, soñar no es un lujo ni una ingenuidad: es una forma de resistencia. «Soñar desafía las expectativas impuestas a las mujeres y, en ese sentido, es un acto feminista: es atreverse a ponerse en primer lugar», señaló. Agregó que lo que más le preocupa es la pérdida de imaginación colectiva: «La libertad de imaginar, la curiosidad, la compasión… y la confianza en que el otro actúa de buena fe».
Para las chicas jóvenes, su mensaje es claro y directo: «Que sepan que ya son suficientes, que son bellas tal como son». Le duele ver tanta ansiedad y depresión, y cree que parte del problema es que los adultos no están guiando como deberían. «Necesitamos recuperar lo esencial: vernos, escucharnos, tocarnos. Eso es lo que salva», afirmó.
La pregunta sin una sola respuesta
Si alguien le preguntara qué quiso decirles a sus padres en una última conversación, Adichie responde sin dudar: solo gracias. «Nada más, y tampoco nada menos».
La conexión humana sigue siendo lo que más la conmueve. Que dos personas de mundos distintos se reconozcan le parece un milagro. Que alguien lea sus libros y sienta que le hablan, también.
La escritura, para ella, no es solo un oficio. Es la convicción de que las historias importan, que transforman la manera en que nos pensamos a nosotros mismos y al otro. Y que, en un mundo que enseña a olvidarse de una misma, ponerse a soñar sigue siendo, todavía, un acto radical.
Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.
