Un artículo periodístico analiza el rol de los votantes jóvenes y las estrategias digitales en la remontada electoral de Lula en Brasil, en el contexto de una tendencia global de participación juvenil.
La victoria de Lula en las elecciones brasileñas de 2026 incluyó una movilización de votantes jóvenes que, según el análisis difundido, diseñó y lideró una de las movilizaciones político-digitales más sofisticadas de América Latina. El texto, atribuido a Matías Rodríguez Ghrimoldi, sostiene que tras quedar por debajo en la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro, el giro de la campaña dependió de la capacidad de respuesta, la creatividad y la energía organizativa del electorado joven.
El artículo describe que la juventud participó tanto en marchas callejeras como en plataformas digitales, donde desmanteló la hegemonía comunicacional del adversario mediante una arquitectura que conectó la cultura pop con la militancia política.
El motor operativo de esta ofensiva fue, de acuerdo con el texto, la articulación del canal de WhatsApp denominado Exército do Lula, coordinado por el diputado André Janones, que superó los diez millones de participantes en la recta final del balotaje. Este canal funcionó como una red descentralizada en la que jóvenes militantes y creadores de contenido recibían alertas, creaban piezas visuales y marcaban el ritmo de distribución, para luego canalizar el material hacia adultos y adultos mayores de la base histórica del Partido de los Trabajadores.
El análisis señala que la Generación Z y los Millennials habitaron el espectro político de maneras distintas. En la contienda de 2026, la derecha consolidó una presencia inédita entre los más jóvenes, mientras que la base de apoyo a Lula encontró en los Millennials su anclaje histórico y organizativo. La Generación Z brasileña, integrada por nacidos entre 1997 y 2012, presentó un sesgo conservador y libertario, con una grieta de género: los varones se inclinaron hacia opciones de derecha y las mujeres jóvenes mantuvieron preferencia por agendas progresistas y por Lula.
Los Millennials, nacidos entre 1981 y 1996, funcionaron como puente generacional y asumieron tareas de estrategia, diseño y coordinación logística en el canal de WhatsApp y en las brigadas territoriales. El texto indica que este grupo tampoco estuvo exento de fracturas, ya que sectores precarizados de la economía informal y plataformas de transporte adoptaron valores emprendedores cercanos a la derecha.
La campaña progresista, según el artículo, tradujo su proyecto histórico al código cultural de las nuevas generaciones mediante la estética pop de los fandoms, el lenguaje visual de los Reels y la agilidad de canales de mensajería masiva. Comunidades organizadas en torno a artistas como Anitta, Luísa Sonza, Ludmilla o bandas de K-Pop formaron la red Fandoms com Lula y, mediante convocatorias con horarios fijos y hashtags unificados, inclinaron algoritmos de X y TikTok.
El texto menciona el uso de fan-cams, stickers satíricos, GIFs y memes, así como videos hechos con inteligencia artificial que replicaron estéticas de géneros narrativos consumidos por distintas generaciones. Las convocatorias en redes se materializaron en banderazos y caminatas juveniles en capitales brasileñas.
El análisis también compara la experiencia brasileña con la de Serbia, donde la llamada Lista Estudiantil se impuso en elecciones al bloque oficialista liderado por Aleksandar Vučić. A pesar de su denominación, la lista no estaba integrada por universitarios en la boleta; los jóvenes que promovieron el movimiento decidieron no postularse y abrieron espacio a figuras de la sociedad civil como el médico Ilija Srdanović y el exgobernador del Banco Central Dejan Šoškić. Los estudiantes mantuvieron el control político del proceso mediante plenarios universitarios que evaluaron y aprobaron cada candidatura.
El artículo concluye que la irrupción juvenil no es una novedad en sí misma, pero sí lo es que este factor contradiga la tendencia dominante de la extrema derecha. Señala que los jóvenes fueron clave en la victoria de Milei y que millones en el mundo entienden que la agenda de la extrema derecha es contraria a sus intereses. En Brasil y Serbia, a diferencia de Francia, la participación juvenil tuvo un componente político orientado a la disputa por el poder real.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi.
