El autor ucraniano, seudónimo de Salomón Rabinóvich, abordó en sus obras las diferencias entre clases sociales y promovió el ídish como lengua literaria.
Sholem Aleijem, seudónimo del escritor Salomón Rabinóvich, nació en Pereyáslav, Gobernación de Poltava, Imperio ruso —hoy Ucrania— en 1859 y murió en Nueva York, Estados Unidos, en 1916, ciudad a la que emigró tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.
En sus novelas, cuentos, obras de teatro e historias infantiles, Aleijem incluyó reflexiones sobre los roles sociales. Una de sus frases más citadas, incluida en el libro de relatos Tevie, el lechero (Tevye der milkhiker en ídish), sostiene: “La vida es un sueño para el sabio, un juego para el tonto, una comedia para el rico y una tragedia para el pobre”.
La obra de Aleijem se centra en las primeras décadas del siglo XX y aborda la desigualdad social de la época. Según el texto, la frase condensa su perspectiva sobre las condiciones de vida de ricos y pobres: para los primeros, la existencia es más llevadera debido a las facilidades y el confort; para los segundos, está marcada por dificultades para acceder a servicios básicos.
El autor también promovió la literatura en ídish, que hasta entonces era considerado un dialecto menor, asociado a “la lengua de las mujeres y los analfabetos” y de uso callejero, mientras que la literatura privilegiaba el hebreo litúrgico o el ruso de las élites. Aleijem publicó historias infantiles en ídish y impulsó a varios escritores en esa lengua.
Tevie, el lechero es su obra más emblemática. Publicada originalmente como monólogos y luego recopilada como novela episódica, narra la experiencia judía en Europa del Este a finales del siglo XIX y principios del XX. El texto retrata a un padre que enfrenta el choque generacional con sus hijas y es una crónica sobre el avance del capitalismo, el desarraigo y la desintegración del mundo tradicional.
Décadas después, la obra fue adaptada al teatro como El violinista en el tejado y llevada al cine en 1971. Según la nota original, estas adaptaciones perdieron la profundidad y mordacidad del texto original y se convirtieron en versiones edulcoradas.
