Facundo Manes presenta ‘Vulnerables’: ‘Equivocarse y aburrirse son fundamentales para la vida’

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El neurocientífico Facundo Manes y el docente Mateo Niro publicaron ‘Vulnerables, el coraje de ser humanos’, un libro en el que analizan la vulnerabilidad como cualidad humana y el impacto de la tecnología en la salud mental.

El médico neurólogo y neurocientífico Facundo Manes y el docente en Letras Mateo Niro presentaron el libro Vulnerables, el coraje de ser humanos (Planeta). En la obra, los autores sostienen que la vulnerabilidad, cuando están dadas las condiciones materiales que sustentan la vida, no debe entenderse como una debilidad o un error a corregir, sino como una cualidad propia de los seres humanos que permite ser empáticos y desarrollar los vínculos sociales imprescindibles para garantizar la reproducción de la vida.

En diálogo con Clarín, Manes analizó la epidemia global de salud mental, el impacto adictivo de las pantallas y por qué, frente al avance de la inteligencia artificial, el futuro requiere un regreso hacia los vínculos humanos.

–En la introducción del libro plantean que, si bien nunca en la historia hubo avances científicos y tecnológicos tan importantes, tampoco habíamos registrado estos niveles de soledad, angustia y ansiedad. De hecho, la Organización Mundial de la Salud advierte que los trastornos de salud mental serán una de las grandes epidemias. ¿Por qué se da esta paradoja?

–Así es, estamos hablando de cifras alarmantes. Ya casi la mitad de la población mundial está afectada por insomnio, depresión, ansiedad, estrés u otras condiciones cerebrales. Esto ya va mucho más allá de un tema estrictamente médico; es un tema social, político y económico también. A esta situación se le suma la hiperconectividad, que nos expone de forma permanente a la comparación de unos con otros. Claro que vivimos objetivamente mejor que hace décadas en términos de progreso material, antibióticos y expectativa de vida, pero subjetivamente estamos lejos de un bienestar acorde con esos avances. De hecho, el Foro de Davos ya colocó el tema de la salud cerebral en la misma agenda que la del cambio climático, la desigualdad y la geopolítica.

–Tal cual lo refería, hacen hincapié en el libro sobre el impacto de las redes sociales y cómo la tecnología actual está diseñada para activar nuestros circuitos de recompensa. ¿Cómo afecta esto especialmente a las infancias y adolescencias?

–Las aplicaciones están hechas para activar el sistema de recompensa basado en la dopamina, igual que se demostró históricamente con experimentos en animales que preferían estimular su centro de placer antes que comer o dormir. Hoy los adolescentes pasan un promedio de cinco horas por día en redes sociales. Ya hay suficiente evidencia de que un uso tan intensivo va en desmedro de la satisfacción vital. Creo que, así como tardamos décadas en asumir el daño del cigarrillo a pesar de la evidencia, como sociedad vamos a tardar en absorber el impacto negativo de estar todo el día conectados. Estoy convencido de que en la próxima década lo cool y valioso va a ser el contacto humano genuino.

–En el libro también abordan la necesidad de desconectarnos para tomar buenas decisiones. ¿Por qué nos cuesta tanto hoy aburrirnos o equivocarnos?

–Vivimos en un mundo que castiga el error, cuando equivocarse y aburrirse son fundamentales para la vida. Si analizamos cómo creamos los seres humanos, el proceso requiere años de preparación, luego una etapa de incubación u obsesión con un dilema, y finalmente no hacer nada. Cuando descansamos, caminamos, nos bañamos o dormimos, el cerebro activa áreas que no estaban conectadas y asocia pensamientos nuevos. El famoso momento Eureka o la creación de una obra no surgen de estar hiperconectados, sino de dar espacio a la incertidumbre y al descanso mental.

–Hay un capítulo muy potente donde compartís tu propia experiencia al entrar en el mundo de la política y cómo eso expuso tu vulnerabilidad ante la mirada pública y la distorsión de las redes. ¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad en nuestra búsqueda de bienestar?

–Entrar en política fue uno de los actos de mayor exposición a la vulnerabilidad de mi vida porque implicó perder el control, exponerme a la lógica de que te editen lo que decís o lo que sos, de que te malinterpreten o te conviertan en un blanco de conspiraciones en las que uno se transformaba en un instrumento de intereses ajenos. Pero, como trato de expresar en ese capítulo, sigo creyendo que la política es una herramienta fundamental para cambiar la realidad, por lo que no se debe aceptar pasivamente la desigualdad social o el sufrimiento de nuestros compatriotas desde la mera crítica, sino que también se necesita de la acción aunque esta nos vuelva más vulnerables. Pero –insisto– la vulnerabilidad no es una debilidad cuando hay un piso básico de bienestar material; es la puerta de entrada a la construcción de poder estar bien. Lo que más nos da felicidad no es el dinero ni el éxito profesional, sino los vínculos humanos profundos. Y para tener vínculos reales con un amigo, una pareja o un hijo, necesitamos obligatoriamente ser vulnerables.

–Para cerrar, mencionabas una especie de «licuadora» con tres ingredientes clave de nuestro tiempo: la pandemia, la revolución tecnológica y la desigualdad. Frente al avance de los tecnólogos y discursos posthumanistas, ¿hacia dónde vamos?

–Venimos de mezclar el impacto postpandemia, una revolución industrial inédita que fusiona lo físico, lo biológico y lo digital y nos cambia a nosotros mismos, y una desigualdad profunda. Eso genera la sensación de estar en arenas movedizas. Sin embargo, los tecnólogos no entienden el cerebro humano. Nuestro cerebro tiene miles de años de evolución y no va a cambiar de biología por la inteligencia artificial. En la era de las máquinas, paradójicamente, lo que nos hace humanos –la empatía, la compasión, la sensibilidad artística, el altruismo y los vínculos– va a ser irremplazable. Vamos a caminar indefectiblemente hacia una búsqueda y un retorno profundo a lo humano.

Facundo Manes básico

  • Nació en Quilmes, en 1969.
  • Es médico neurólogo, neurocientífico, emprendedor, divulgador científico y político argentino.
  • Creador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).
  • Presidente honorífico de la Fundación INECO.
  • Exrector de la Universidad Favaloro.
  • Director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
  • Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.
  • En 2018 llegó a ser el primer presidente hispanohablante de la Sociedad Internacional de Demencias Frontotemporales.

Mateo Niro básico

  • Es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde realiza el doctorado sobre glotopolítica dirigido por Elvira Arnoux.
  • Es docente de Narratología en la Universidad de General Sarmiento (UNGS), de Sociolingüística en el Instituto «Joaquín V. González» y de Semiología en la UBA.
  • Entre otras tareas de gestión pública, fue responsable de centros culturales públicos de la Ciudad de Buenos Aires, subsecretario de cultura y educación de la Municipalidad de San Martín y coordinador del Programa de Bibliotecas Comunitarias del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Vulnerables, el coraje de ser humanos, de Facundo Manes y Mateo Niro (Planeta).

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