El arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, reflexionó en su homilía dominical sobre la relación entre la fe, el temor y la aceptación de la muerte, a partir del Evangelio de Mateo.
El arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, dedicó su homilía dominical a la reflexión sobre la fe como perspectiva de vida y su vínculo con la aceptación de la muerte. El texto se basa en el Evangelio de Mateo, capítulo 16, versículos 21 al 26.
Castagna señaló que el anuncio de la Pasión de Jesús generó consternación entre sus discípulos, y que Pedro, al intentar disuadirlo, fue reprendido con las palabras: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mateo 16, 23).
El prelado explicó que la reacción de Pedro respondió al temor, y citó la enseñanza de Jesús: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» (Mateo 8, 26). Según Castagna, «el que cree no tiene miedo» y transita con serena confianza en Dios los caminos del mundo.
En su reflexión, el arzobispo emérito afirmó que la situación de pecado es resultado de la falta de fe y que, una vez perdonado el pecado, desaparece el motivo de temor. Sostuvo que «la fe, establecida como perspectiva de vida, capacita al creyente para la aceptación de la ‘hermana muerte’», en referencia a San Francisco de Asís.
Castagna describió la vida humana como «un peregrinaje hacia el encuentro con la misericordia de Dios», y señaló que la Palabra transmitida por San Mateo ilumina a los cristianos cada domingo. También mencionó su experiencia como confesor: «Los confesores atendemos a seres atribulados, por temor de no haber sido perdonados».
Sobre el seguimiento de Cristo, citó el texto de Mateo 16, 24: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Explicó que «renunciar» implica abandonarse a la acción de Dios y que cada persona es responsable de su propia cruz.
El arzobispo emérito recordó la oración de Santa Teresita: «Te ofrezco, Señor, el dolor de haber sido mala», y subrayó que el camino hacia el perdón es ofrecer el dolor de los propios pecados. Afirmó que «la ‘pobreza de espíritu’ constituye a cada hombre en un pecador arrepentido».
Finalmente, citó Mateo 16, 26: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?», y concluyó que la santidad, como obra de Dios, no puede ser canjeada por bienes terrenales.
La homilía fue difundida el domingo 30 de agosto de 2026.
