En su homilía del domingo 16 de agosto de 2026, monseñor Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, reflexionó sobre la urgencia de promover la santidad entre todos los cristianos, basándose en el pasaje bíblico de la mujer cananea.
El arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, publicó su homilía correspondiente al domingo 16 de agosto de 2026, en la que aborda la necesidad de promover la santidad entre todos los cristianos. El texto, titulado “La promoción de la santidad, entre todos los cristianos, es de urgente necesidad”, se centra en la fe como condición indispensable para la salvación y en el ejemplo de la mujer cananea.
En su reflexión, Castagna cita el Evangelio de Mateo (15, 24) donde Jesús declara: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”, para luego destacar que, a pesar de la universalidad de su misión, Cristo trata con predilección a quienes manifiestan fe en Él. El prelado subraya que “sus verdaderos familiares y conciudadanos son quienes obedecen al Padre, como Él” (Mateo 12, 50).
El arzobispo emérito sostiene que “los santos se detenían en la contemplación de Jesús, crucificado”, y recuerda las palabras del apóstol Pablo: “no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado” (1 Corintios 2, 2). En ese sentido, afirma que “el mundo necesita entender ese misterio de Amor”.
Castagna analiza el episodio de la mujer cananea (Mateo 15, 26-28), quien responde a Jesús: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”. Ante esta respuesta, Jesús le dice: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo”. El prelado interpreta que “la humildad de aquella madre encuentra su cauce en la aparente dureza de expresión de Jesús”.
En su homilía, el arzobispo emérito enfatiza que “los auténticos evangelizadores son los santos” y cita a San Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan” (Evangelii Nuntiandi, 41). Asimismo, señala que “la promoción de la santidad, entre todos los cristianos -ministros, consagrados y laicos- es de urgente necesidad” y que “se deriva de la vocación bautismal”.
El texto también aborda la incoherencia entre el bautismo y la vida de fe, mencionando el caso de una dirigente política que declaró: “Estoy bautizada pero no soy creyente”. Castagna considera que “la incongruencia que señala tal afirmación es más común que lo imaginado”.
Finalmente, el arzobispo emérito recuerda la petición del Venerable Papa Pío XII de que “el esfuerzo pastoral de la Iglesia debía trascender el logro de que los cristianos murieran en gracia, sino en que vivieran en gracia”. Concluye que “vivir en gracia es vivir en el amor a Dios y a los hermanos”.
