El presidente de la Liga Correntina de Fútbol, Pablo Alonso, analiza el cambio en la práctica deportiva de los niños y jóvenes, que pasó de la calle a los clubes, y la nueva responsabilidad de las instituciones en su formación.
El deporte fue históricamente una herramienta en la formación de niños y jóvenes. Según el presidente de la Liga Correntina de Fútbol, Pablo Alonso, los tiempos cambiaron y también la manera de vivir y practicar el deporte.
Durante muchos años, la calle fue la primera cancha. Los chicos salían de sus casas y jugaban durante horas, aprendiendo jugando, compartiendo con amigos y resolviendo diferencias, muchas veces sin la presencia de un adulto. Ese deporte espontáneo y cotidiano que formó a varias generaciones hoy prácticamente se perdió.
La realidad actual es diferente. Por distintos motivos, el deporte se trasladó de la calle a los clubes. Hoy los chicos practican fútbol, básquet, hockey, vóley, natación y otras disciplinas dentro de instituciones, con horarios, profesores, entrenadores y espacios organizados.
En este nuevo escenario, los clubes cumplen un papel más importante que antes. No son solo lugares donde los chicos practican un deporte, sino espacios donde se encuentran, hacen amigos, aprenden a convivir con otros y construyen un sentido de pertenencia. En una sociedad donde muchas relaciones pasan por una pantalla, el club ofrece el encuentro cara a cara, la charla, el compañerismo, compartir una alegría o superar juntos una derrota. Allí se generan vínculos que muchas veces duran toda la vida y son fundamentales para su crecimiento y formación.
Esta nueva realidad también genera una responsabilidad mayor para los clubes y para quienes tienen la tarea de estar al frente de los chicos. Ya no alcanza solo con enseñar una técnica, preparar un equipo o buscar un resultado. También hay que formar, acompañar, contener y educar a través del deporte.
En tiempos donde las pantallas, los celulares y las redes sociales ocupan muchas horas de la vida de los chicos, lograr que vayan a entrenar, compartan con sus compañeros, se esfuercen por mejorar y se sientan parte de un equipo tiene un valor enorme.
También cambiaron las formas de entrenar y acompañar. Hoy existe mayor preparación, tecnología y una mirada más integral sobre el deportista: se entiende mejor la importancia de la alimentación, el descanso, la preparación física y el acompañamiento emocional.
Sin embargo, hay algo que no cambió: los valores que transmite el deporte. El respeto, el compañerismo, la disciplina, el esfuerzo, la solidaridad, aprender a ganar y, fundamentalmente, aprender a perder y volver a intentarlo.
Quizás ya no se vean tantas pelotas rodando por las calles como antes. Por eso, según Alonso, hay que cuidar, acompañar y fortalecer los lugares donde hoy los chicos eligen hacer deporte.
Detrás de cada chico que entra a un club no solo puede haber un futuro deportista, sino una persona que está aprendiendo a crecer, a formarse, a convivir, a respetar y a prepararse para la vida.
Por eso, cuando se habla de deporte, no se habla solamente de competencia o resultados, sino de educación, valores, oportunidades y formación de mejores personas.
