Final del Mundial: entre la pasión futbolera y el cuidado del corazón

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El director ejecutivo del Instituto de Cardiología de Corrientes, Julio Vallejos, advierte sobre los riesgos cardiovasculares ante un evento decisivo y brinda recomendaciones para prevenir episodios.

A horas de la final del Mundial de fútbol, los médicos correntinos vuelven a poner el foco en el impacto de las emociones fuertes sobre el sistema cardiovascular. En diálogo con EL LIBERTADOR, Julio Vallejos (MP 2.269), director ejecutivo del Instituto de Cardiología de Corrientes, explicó los mecanismos físicos detrás de los llamados «infartos por emoción» y dejó una serie de recomendaciones para atravesar sin sobresaltos una jornada que promete ser de alta tensión, ya que la Selección Argentina jugará la final de la Copa del Mundo.

«Creo que realmente la pasión con la que vivimos los argentinos no hace más que hablar del corazón que tenemos y que justamente lo ponemos a prueba cada instancia que nos emocionamos o nos apasionamos como con el fútbol», inició.

De cara al partido clave, el Director del Instituto de Cardiología de Corrientes pidió moderación en todos los frentes: no exagerar con las comidas ni el alcohol, evitar el cigarrillo, y sobre todo elegir bien la compañía. «Vamos a tratar de que realmente el ambiente donde esté ese día sea con júbilo, con amistad, con buena onda, con gente que me contiene, no con gente que me enardece», aconsejó.

Respecto de la medicación, fue categórico: quienes son hipertensos deben tomar la dosis habitual, sin duplicarla por las dudas. «Su médico, si no le aconsejó eso, no lo haga», advirtió, y remarcó que cada paciente debe seguir exclusivamente las indicaciones de su propio médico.

Según describió el especialista, «el corazón no es solo el motor de nuestros sentimientos, sino un órgano vital que requiere cuidado constante para evitar complicaciones graves ante momentos de pasión o emociones intensas».

Explicó que cuando una persona se somete a un sentimiento muy profundo, el organismo activa una respuesta fisiológica de defensa que ha sido moldeada por la evolución humana para enfrentar situaciones de peligro. Este mecanismo ancestral, conocido como el sistema de «huida o ataque», libera hormonas específicas que preparan al cuerpo para reaccionar de inmediato.

Sin embargo, el organismo no tiene la capacidad de distinguir entre una emoción positiva, como el triunfo de un equipo deportivo, y una amenaza real; en ambos casos, el cuerpo reacciona como si estuviera dispuesto a atacar.

Durante estos episodios, se liberan sustancias vasoconstrictoras que reducen el diámetro de las arterias para redireccionar el flujo sanguíneo hacia el cerebro y los músculos de las extremidades, priorizando la energía necesaria para pelear o huir. Como consecuencia, el sistema cardiovascular trabaja a una intensidad mucho mayor: la presión arterial sube y la sangre circula con una velocidad acelerada por todo el cuerpo.

El peligro real surge en el interior de las arterias, donde muchas personas, sin saberlo, acumulan colesterol (conocido como ateroma) de forma silenciosa durante años. Esta acumulación es extremadamente frágil y tiene una consistencia similar a la manteca. El aumento súbito de la velocidad y presión de la sangre puede provocar una pequeña lesión o ruptura en esta placa de grasa.

En un intento por reparar esta herida y evitar un sangrado, el cuerpo forma un coágulo en el lugar de la lesión. Lamentablemente, este proceso de reparación puede terminar obstruyendo la arteria por completo, impidiendo la circulación de la sangre y desencadenando un infarto si ocurre en las arterias del corazón.

El Instituto de Cardiología de Corrientes funcionará el domingo con guardia de urgencias y emergencias reforzada, aunque sin actividad programada por tratarse de un domingo. El antecedente que más llamó la atención a los especialistas es el del partido ante Egipto, cuando los ingresos al centro asistencial aumentaron un 20 por ciento por encima de lo habitual. En el encuentro siguiente, en cambio, la demanda volvió a los niveles normales, con solo casos de crisis hipertensiva y un episodio de arritmia.

El Instituto de Cardiología recomienda no minimizar ningún síntoma ubicado entre el ombligo y la mandíbula. Las señales a las que hay que prestar atención son:

  • Dolor u opresión en el pecho: suele describirse como pesadez, ardor o sensación de «falta de espacio» en el tórax. Es una molestia difusa, sin un punto localizado, que suele estar acompañada de angustia o desasosiego.
  • Irradiación del dolor: la molestia se extiende hacia los brazos -especialmente el izquierdo-, la base del cuello o, con menor frecuencia, la espalda.
  • Síntomas asociados: transpiración profusa (fría) y náuseas.

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