Monseñor Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, publicó una homilía en la que analiza el pasaje bíblico de Mateo 9, 35-36 y la misión evangelizadora de la Iglesia.
El arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, publicó una homilía con motivo del domingo 14 de junio de 2026. En el texto, el prelado aborda la figura de Jesús como misionero ambulante y su compasión ante las multitudes.
Según el escrito, el Evangelista San Mateo describe la incursión de Dios en la vida del mundo a través de Cristo. Castagna sostiene que la vida cristiana recorre esos andariveles y se orienta a la santidad, asumiendo una responsabilidad evangelizadora y comprometiéndose en la sociedad con los valores del Evangelio.
El arzobispo emérito cita el pasaje de Mateo 9, 35-36: «Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor». Según Castagna, esas ovejas tienen Pastor, que es Cristo mismo.
En su reflexión, el prelado afirma que la Buena Nueva predicada por Cristo y sus Apóstoles es una declaración de amor, cuyo sentido original se manifiesta en la Cruz. Señala que el mundo necesita una fuerte presencia evangelizadora de la Iglesia y que negársela es una grave irresponsabilidad de quienes, por el Bautismo, poseen la misión de transparentar a Cristo.
Castagna menciona encuestas que indican una merma de católicos profesos y un porcentaje considerable de bautizados que se manifiestan agnósticos. Ante esta situación, propone volver al Espíritu que anima la evangelización, al empobrecimiento de los corazones y a la predisposición para el combate de la fe.
El texto destaca el ejemplo de San Pablo como misionero y cita la Exhortación Apostólica «Evangelii Nuntiandi» del Papa San Pablo VI, dedicada al Espíritu de la evangelización. El arzobispo emérito sostiene que el mejor evangelizador es el santo, sea laico, ministro o consagrado.
Finalmente, la homilía concluye con una reflexión sobre la compasión del Buen Pastor, afirmando que la actitud de Jesús ante la muchedumbre es amor sin límites, que lo aproxima a las situaciones de mayor conflicto entre los hombres.
