Usuarios de redes sociales en Corrientes reportan un aumento de casos de estafas vinculadas a publicaciones de alquileres, con maniobras cada vez más elaboradas que incluyen documentación y cronogramas de visitas.
Las advertencias por presuntas estafas vinculadas a publicaciones de alquileres en redes sociales y plataformas digitales comenzaron a repetirse con mayor frecuencia en Corrientes. Lo que tiempo atrás aparecían como casos aislados, hoy se transformó en una problemática que genera preocupación entre usuarios que buscan viviendas y se encuentran con maniobras cada vez más elaboradas, capaces de aparentar legitimidad mediante documentación, videos, imágenes reales y supuestos sistemas de reserva.
En grupos de Facebook dedicados a alquileres, ventas y búsqueda de inmuebles, las publicaciones de advertencia se volvieron habituales. Usuarios comparten capturas, números telefónicos y relatos personales con el objetivo de alertar a otras personas sobre perfiles o contactos que, presuntamente, utilizan falsas ofertas inmobiliarias para captar interesados.
Uno de los casos que comenzó a circular en las últimas semanas en redes sociales fue difundido bajo el pedido de «Correntinos, difundan urgente». Allí se expone una situación vinculada a un departamento ubicado en un edificio sobre la calle Junín, en la Capital correntina, donde una persona que se identificaba como «Emanuel» afirmaba ser propietario de una unidad ofrecida en alquiler.
Según la publicación, el supuesto propietario mantenía conversaciones con potenciales interesados, compartía documentación y facilitaba material que aparentaba dar respaldo a la operación. Entre los elementos enviados figuraban archivos PDF y hasta un cronograma de visitas programadas a través de una planilla online.
La secuencia mostrada en capturas exhibe una conversación iniciada por una persona interesada en coordinar una visita al inmueble. Días después, el interlocutor respondió: «Mi nombre es Emanuel y soy el propietario del departamento ofrecido». Posteriormente compartió un enlace bajo el título «Cronograma de visitas programadas», una estrategia que, según advierten usuarios, puede transmitir mayor formalidad y generar confianza.
Sin embargo, las sospechas comenzaron a aparecer y el autor de la denuncia decidió verificar personalmente la situación. De acuerdo con el relato publicado por una usuaria de Facebook, acudió al edificio para confirmar si el departamento efectivamente estaba disponible.
El resultado, según sostuvo, confirmó sus dudas. «Hoy visité presencialmente el edificio para averiguar si realmente se trataba de una estafa, y lo era. El departamento 7 C no está en alquiler y la verdadera dueña ya fue notificada de que están usando imágenes de su propiedad para estafar virtualmente», publicó.
La denuncia agrega otro elemento que llamó la atención. En una de las capturas compartidas, el denunciante escribió: «Cuánto vas ganando con la estafa?». La respuesta recibida fue: «En serio querés saber?». Luego agregó: «No, dejá. Me parece terrible lo que hacés».
El posteo interpreta esa contestación como una admisión de la maniobra, aunque hasta el momento se trata de una interpretación realizada por quien difundió el caso. Más allá de la situación puntual, el episodio volvió a poner en discusión una modalidad que usuarios identifican con creciente frecuencia: publicaciones que aparentan ser completamente legítimas y que incorporan herramientas destinadas a reducir sospechas.
Ya no se trata únicamente de avisos improvisados o mensajes con errores evidentes. Quienes denuncian este tipo de situaciones sostienen que algunos perfiles utilizan imágenes de propiedades reales, videos editados, documentación, supuestos contratos, cronogramas y hasta recorridos virtuales para construir una apariencia de credibilidad.
La propia autora de la publicación lo expresó al advertir sobre la complejidad que, según señaló, alcanzan algunas maniobras. «Tengan mucho cuidado, porque estafadores que usan esta modalidad, sobran. A mí me costó reconocer a este porque editó un video y todo un PDF». Esa frase resume una preocupación que se repite entre quienes buscan alquilar: la dificultad creciente para distinguir una oferta auténtica de una falsa.
El contexto también contribuye. La búsqueda de viviendas, especialmente en ciudades con fuerte movimiento universitario o zonas con alta demanda, suele desarrollarse con urgencia. Esa necesidad inmediata puede transformarse en un terreno propicio para maniobras que apelan a la presión, a la escasez de oportunidades o a la supuesta existencia de otros interesados.
En muchos casos relatados por usuarios en redes sociales, el mecanismo suele repetirse: una publicación atractiva, precios competitivos, imágenes cuidadas y pedidos de reservas o adelantos para asegurar una visita o congelar el valor del alquiler. La rapidez en la toma de decisiones aparece como un factor central. El temor a perder una oportunidad lleva a que algunas personas avancen sin realizar verificaciones suficientes.
Por esa razón, distintas advertencias que circulan entre usuarios insisten en medidas preventivas básicas: confirmar la existencia real del inmueble, verificar quién administra la propiedad, desconfiar de solicitudes de dinero anticipado y, siempre que sea posible, realizar visitas presenciales antes de concretar cualquier operación.
Mientras tanto, las publicaciones de denuncia continúan multiplicándose. Y aunque las redes sociales se transformaron en una herramienta para exponer estas situaciones y advertir a otros usuarios, también evidencian una problemática que parece crecer al ritmo de la digitalización de las búsquedas inmobiliarias.
