Un estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE trabaja en un proyecto para utilizar la membrana del embrión de pollo como sistema de prueba de bajo costo para evaluar fármacos antiangiogénicos, claves en la lucha contra el cáncer.
Los tumores construyen su propia red de irrigación para nutrirse y expandirse. Detener ese proceso es uno de los objetivos de la investigación oncológica. En Corrientes, un estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) trabaja para establecer un protocolo que permita usar la membrana del embrión de pollo como sistema de prueba para medir la acción de fármacos sobre ese mecanismo, con resultados reproducibles y a un costo accesible.
Eduen Ariel Gross, estudiante de la UNNE, lleva adelante una investigación financiada por un proyecto de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste. La investigación indagará si el embrión de pollo puede funcionar como un sistema de prueba confiable para evaluar medicamentos que impidan el crecimiento de vasos sanguíneos.
“La membrana corioalantoidea (MCA) del embrión de pollo como una plataforma de prueba para la evaluación de fármacos con efecto antiangiogénico”, se denomina el trabajo, dirigido por la doctora Gabriela Olea, docente e investigadora de la Cátedra de Histología y Embriología de la Facultad de Ciencias Veterinarias, y co-dirigido por el doctor Juan Pablo Melana Colavita, docente e investigador del LIBIM de la Facultad de Medicina UNNE.
El proyecto propone utilizar el embrión de pollo como herramienta para medir si ciertos medicamentos tienen la capacidad de detener o reducir la formación de nuevos vasos sanguíneos. Ese proceso —el crecimiento de nuevos vasos a partir de vasos ya existentes (angiogénesis)— es central en muchas enfermedades, en particular en el cáncer. Los tumores necesitan construir su propia red de irrigación para nutrirse y expandirse, por lo que los medicamentos que bloquean ese proceso (antiangiogénicos) son objeto de interés en la investigación oncológica desde hace décadas, pero probarlos de manera segura, rápida y a bajo costo sigue siendo un desafío.
En virtud del creciente interés por el embrión de pollo como modelo en la investigación biológica y farmacéutica, por su simplicidad y bajo costo en comparación con los modelos de mamíferos, se propuso como plan de trabajo poner a punto una plataforma para la evaluación de fármacos antiangiogénicos a partir del modelo de la membrana corioalantoidea (MCA). Esto puede representar un enfoque renovado para nuevas perspectivas en la investigación farmacológica.
La membrana corioalantoidea —ubicada debajo de la cáscara del huevo y repleta de vasos sanguíneos— actúa en el embrión como un pulmón primitivo: permite el intercambio de gases y el almacenamiento de desechos. La hipótesis que deberá ser confirmada con la investigación sostiene que esta membrana puede convertirse en una herramienta de uso regular para medir si un fármaco tiene o no la capacidad de detener la formación de vasos sanguíneos, con resultados reproducibles, a un costo accesible y sin los obstáculos que impone la experimentación con mamíferos.
Gross aspira, en primer lugar, a describir con detalle cómo se comporta la red de vasos sanguíneos de la membrana del embrión de pollo en condiciones normales. Eso implica registrar fotográficamente los vasos, analizar su forma, ramificación y comportamiento, y estudiar el tejido al microscopio. A partir de esa referencia, el trabajo avanza hacia la comparación: se evaluará qué ocurre cuando se introducen sustancias que estimulan el crecimiento de vasos y sustancias que lo inhiben.
El medicamento elegido para cumplir esta segunda función es el paclitaxel, un fármaco utilizado en el tratamiento de tumores que, además de su efecto sobre la división celular, ha demostrado la capacidad de reducir la expresión de una proteína clave en la formación de nuevos vasos sanguíneos. Gross también está probando con distintos extractos, uno de ellos elaborado con la planta Croton urucurana, conocido como «sangre de drago». El objetivo final es que la plataforma quede en condiciones de ser usada para evaluar otros compuestos: medicamentos, sustancias de origen vegetal o toxinas cuyo efecto sobre los vasos sanguíneos todavía no se conoce con precisión.
Para la investigación se utilizarán huevos de gallina de la raza Leghorn, incubados a 37 grados de temperatura y con 60 por ciento de humedad. Al tercer día de incubación, se abre una ventana en la cáscara de cada huevo —de un centímetro por uno y medio— para poder acceder a la membrana sin interrumpir el desarrollo del embrión. Esa abertura se cubre luego con un material que impide la pérdida de humedad. Al décimo día de incubación, se aplican las sustancias a estudiar sobre la membrana. Transcurridas veinticuatro horas, se evalúan los resultados. Las mediciones incluyen el registro fotográfico de los vasos y el análisis de cortes del tejido al microscopio, que permiten observar cambios en la estructura interna de la membrana.
En todo el proceso del trabajo en laboratorio, es importante el aporte de la doctora María Victoria Aguirre, docente investigadora en el LIBIM de la Facultad de Medicina de la UNNE.
