La misión espacial Artemis II enfrenta su fase más crítica durante el reingreso a la atmósfera, un proceso técnicamente complejo. Una investigadora del CONICET explica los riesgos y destaca el rol del satélite argentino Atenea en la expedición.
La misión Artemis II de la NASA atraviesa este viernes una de sus etapas más críticas: el regreso a la Tierra. Este proceso implica riesgos técnicos y condiciones extremas, donde la cápsula debe soportar temperaturas cercanas a los 3.000 grados centígrados debido al roce con la atmósfera.
«El reingreso presenta una serie de dificultades, principalmente por la resistencia de los materiales», explicó a Hoja de Ruta Beatriz García, astrónoma e investigadora del CONICET. Uno de los principales desafíos reside en el sistema de protección térmica de la nave, compuesto por losetas que no conforman una plancha única, lo que podría generar filtraciones o desprendimientos.
En la etapa final, el descenso depende del sistema de paracaídas. «No es que se necesiten tanto, pero si falla uno se abre otro, hasta que la cápsula se zambulle en el océano Pacífico», indicó la especialista.
Más allá del impacto visual, García remarcó el valor científico de la misión para el estudio de la estructura geológica y dinámica de la Luna, la cual podría convertirse en una plataforma para instalar telescopios sin la interferencia de la atmósfera terrestre. Sobre la posibilidad de vida humana en el satélite, fue cauta y advirtió sobre los severos efectos de la gravedad lunar y las complejidades logísticas.
Participación argentina en el espacio profundo
La misión también contó con participación argentina a través del satélite Atenea, desarrollado por universidades nacionales junto a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). «El objetivo era testear las comunicaciones en el espacio profundo y probar materiales frente a la radiación», explicó García. El dispositivo operó correctamente y envió datos a la Tierra, superando la prueba con éxito.
La investigadora destacó que Argentina cuenta con una comunidad científica activa en el área, con unos 500 astrónomos, una cifra significativa a nivel mundial. No obstante, alertó sobre los problemas comunes que afectan al sector: «Estamos sufriendo lo mismo que toda la ciencia: problemas de financiamiento y de recambio generacional».
Finalmente, García subrayó la importancia cotidiana de la investigación: «Casi todo lo que nos rodea es producto de la investigación científica y tecnológica».
