A pocas horas de que Corrientes se convierta en el epicentro del 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades, la Iglesia Evangélica Congregación Cristiana Argentina decidió no guardar silencio. A través de una extensa declaración pastoral, la institución sentó una postura que busca el difícil equilibrio entre la convivencia democrática y la firmeza doctrinal, lanzando críticas tanto a la organización del evento como a los sectores institucionales que lo apuntalan.
El documento, difundido en las últimas horas, pone el foco en la llegada masiva de asistentes prevista para el sábado 22, 23 y lunes 24. Lejos de una bienvenida protocolar, el texto arranca con un fuerte reclamo: los pastores cuestionan abiertamente que se haya declarado de «interés provincial» lo que consideran un «evento ideológico y militante», reprochando el uso del sistema educativo, las aulas y los recursos económicos públicos para financiarlo.
La línea roja: dignidad sí, ideología no
El nudo central del comunicado radica en una distinción que la iglesia se esfuerza por dejar clara: la separación entre el individuo y la agenda política.
Por un lado, hacen un llamado enfático a la «dignidad sagrada de toda persona». Basándose en el concepto teológico de la Imago Dei (imagen de Dios), rechazan categóricamente cualquier tipo de agresión física o verbal hacia las asistentes. «Nadie debe ser maltratado por su condición», reza el texto, instando a sus fieles a mantener un respeto cívico absoluto y a «disentir sin destruir».
Sin embargo, el tono cambia radicalmente al abordar las discusiones de género. La declaración ratifica la visión bíblica de la binariedad (hombre y mujer) como un «diseño divino» y cierra la puerta a cualquier validación de la ideología de género. «No podemos afirmar como bueno aquello que es contrario al diseño creacional», sostienen, aclarando que, aunque acompañan pastoralmente el dolor de la disforia, no consideran la transexualidad como normativa.
Un mensaje hacia adentro y hacia afuera
Uno de los pasajes más llamativos de la carta es el que parece dirigido a otras confesiones o sectores del cristianismo que han adoptado posturas más conciliadoras. La Congregación Cristiana se desmarca de lo que llaman «ambigüedad doctrinal» y critica a las voces eclesiales que, en pos de la paz social, «diluyen las definiciones de fe».
«El amor genuino no es silencio cómplice ni aprobación irreflexiva», sentencian, advirtiendo que la hospitalidad no debe confundirse con validar agendas políticas contrarias a sus valores.
Llamado a la paz en un clima de tensión
Conscientes de la «creciente hostilidad social», el cierre del documento es un pedido de calma. La iglesia exhorta a la ciudadanía a no caer en provocaciones, a rechazar la violencia simbólica o física y a defender la libertad de conciencia.
Bajo la consigna bíblica de ser «Sal y Luz», piden a sus fieles no esconderse, pero tampoco reaccionar con ira. «Oramos para que reine la paz en Corrientes», concluyen, en lo que se lee como un intento de bajar los decibeles en la antesala de un fin de semana que promete ser intenso para la provincia.
